De la autonomía universitaria a la autonomía policial
No se trata solo de impedir que la policía entre en la universidad, sino de evitar que su lógica se convierta en la forma dominante de gobernar el conflicto.
El debate sobre la autonomía universitaria no debería limitarse a la cuestión de si la policía puede o no entrar en el campus. La reflexión plantea un problema más profundo: lo que está en juego no es únicamente el acceso físico de las fuerzas de seguridad a la universidad, sino el riesgo de que su lógica se convierta en la forma dominante de gobernar el conflicto.La distinción es relevante porque desplaza el foco desde una discusión
sobre competencias o protocolos de entrada hacia una cuestión de fondo sobre el modelo de gestión de las tensiones sociales. Si la lógica policial se impone como marco principal para abordar los conflictos, la autonomía universitaria quedaría vaciada de contenido, incluso si formalmente se mantuvieran ciertos límites al ingreso de las fuerzas de seguridad.Por eso el planteamiento conecta la autonomía universitaria con una suerte de autonomía
policial: no se trata de una simple disputa sobre quién puede cruzar la puerta de la universidad, sino sobre qué principios guían la resolución de los conflictos. La advertencia es que la lógica policial, si se convierte en la forma dominante de gobernar el conflicto, terminaría condicionando el funcionamiento de la propia institución universitaria y su capacidad de gestionar sus tensiones internas conforme a sus propios criterios.





